
Acabó el Mundial. Más allá de las actuaciones de cada selección, quedó manifestado que se trata de un evento especial, que participar en una equipo nacional no es lo mismo que jugar en un club y que los aspirantes a ser los mejores (tanto equipos como jugadores) corrientemente no se condicen con quienes finalmente acaban pillándonos por sorpresa en los Mundiales. El caso perfecto para demostrar esta teoría es Lionel Messi.
En 2009 lo ganó todo: Liga española, Champions League, Mundial de Clubes y hasta el balón de oro. En Sudáfrica 2010 ni anotó un gol. Superhombre del Barcelona y con varias cuestionantes en la selección argentina, la Pulga forjó nada más el acrecentar de su compromiso con el público de su país y con su selección.