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Uruguay dominó a México en el Royal Bafonkeng de Rustenburgo y se adjudicó el primer grupo del torneo. México, en segundo puesto, también encasilló a octavos de final.

Pudieron jugar a impartirse puntos y ceremonias, pero uno y otro deseaban esquivar a Argentina en la colindante fase (la plática de prensa de Tabarez ya le había puesto mensajes al asunto).

México salió a someter la pelota. Uruguay a agruparse en la marca. Pero prematuramente (´5), el gol que erró Suárez, filtrado por la izquierda mexicana, atravesándola demasiado al segundo palo, fue la expresión del desconcierto defensivo azteca.

Aunque Guardado lanzó un tiro en la esquina de arco de Muslera que picó centímetros detrás de la raya de gol (´21) Uruguay poseía más claro su objetivo.

Así que fue, golpe por golpe, sin conservación de pelota en el medio campo, el lapso del primer tiempo. Hasta que Cavani (nuevamente por la izquierda mexicana, la espalda de Salcido) coloca un centro en la cabeza de Luis Suárez que anota para el elenco Uruguayo (´43).

Luego, Uruguay se retardó y concibió que México sabe poseer la pelota y amontonar jugadores en campo adversario pero no tiene ni ideas ni precisión en profundidad. Se jugó oportuno al contraataque y a la expectativa de que el tiempo hable por sí.

Posiblemente prevaleciendo convenientes expectativas y de menos a más, Uruguay entró a octavos por la puerta de los ganadores, mostrándose como un equipo concentrado, rígido y con cierto equilibrio entre sus restricciones y su luminosidad de concepto. México… podría comenzar a jugar con cuatro en el fondo.

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